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Economía: neoliberalismo

Javier Domínguez

1. Perverso planteamiento.

Samuelson, clásico profesor de economía, cuyo libro “Economía política” fue libro de texto en todas las universidades europeas desde la década de los cincuenta, definía así la economía: “La economía es la administración de los recursos escasos” Las necesidades son infinitas y los recursos son escasos. El economista debe administrar esos recursos estableciendo prioridades para ir satisfaciendo esas necesidades.

En la misma época, Friedman, fundador del neoliberalismo en 1947, con la Sociedad Mont Pèlerin en Suiza, que se constituyó en consejero económico de Pinochet e inspiró a Margaret Thatcher y a Reagan, definía así la economía: “La economía es la administración de los bienes y el dinero en orden a obtener la máxima productividad y el máximo beneficio. El mercado es eficiente y se autorregula perfectamente solo y no necesita la intervención ni el control del Estado. El economista debe administrar esos bienes de manera que generen ingresos con competitividad en los mercados.”

Antes se daba por descontado, desde Aristóteles, que el fin de los bienes de la tierra es la satisfacción de las necesidades, el “bien común”.  El planteamiento perverso y loco de que el fin de los bienes de la tierra es la productividad y generación de beneficios para los propietarios está en la raíz de todos nuestros males y en el momento actual de la crisis ha calado en todos los niveles. Se ha constituido una economía para el 1% de los ciudadanos, que son los que tienen el capital.

El neoliberalismo es la revolución conservadora, planificada a largo plazo, llevada a término a lo largo de cuarenta años, que está consiguiendo hacerse con el poder global. Ha impuesto los tratados de libre comercio y con ello ha dado el poder político sobre los Estados, antes soberanos, al poder financiero.

2. Perversas soluciones

Europa había conseguido un grado alto de bienestar con el capitalismo de Keynes, adoptado tanto por la social democracia como por la democracia cristiana, que se basaba en los servicios sociales públicos (sanidad, educación, dependencia, necesidades vitales…), el pacto social, intervención del Estado en Economía, altos impuestos, regulación de la banca. El neoliberalismo tiene como objetivos primeros e inmediatos la privatización, la desregulación, la bajada de impuestos a los ricos, la supresión de los convenios colectivos, el despido libre, los salarios bajos, el libre movimiento de capitales, el mercado total.

Lo malo es que en España y en gran parte en Europa, los que empiezan la privatización  son los socialdemócratas, Felipe Gonzalez en concreto, que han adoptado el neoliberalismo. También, y con más radicalidad, los antiguos demócratas cristianos. Aunque se escudan, tanto unos como otros, en que no hay más remedio que obedecer a la Troika.

Hemos conseguido, gracias a las medidas tomadas por el Partido Popular en el poder, salir de la crisis porque tenemos la misma renta nacional que teníamos antes de la crisis. Lo que ocurre es que los ricos son más y más ricos, la clase media se ha empobrecido y los pobres son más y más pobres. Objetivo cumplido.

3. El timo global: la deuda externa

Con la aplicación del principio de que la finalidad del capital es obtener los máximos beneficios, se establece un sistema global bien sencillo: Primero, se obliga a los estados  soberanos a que asuman la deuda privada y la conviertan en deuda pública. Segundo, se exige a los estados soberanos del mundo entero a que destinen del 10 al 30 % de su renta a pagar al capital. Es lo que se llama deuda externa.

Empezaron con América Latina y ahora lo están extendiendo a Europa. En concreto, España debe más del 100 % de su renta anual. Cuando un niño nace en España, nace debiendo unos 30.000 euros al poder financiero.

La Constitución establece que España es un Estado Social y de Derecho. Esto exige que los recursos se administren para solventar las necesidades, que se busque el bien común. Para aplicar el neoliberalismo se han visto obligados a cambiar la Constitución y lo han hecho de común acuerdo y sin consultar al pueblo, porque las Cámaras pueden, si tienen mayoría de tres quintos, cambiarla sin necesidad de referéndum. El cambio Constitucional obliga a que lo primero en los presupuestos del estado sea el pago de la deuda, aun a costa de las necesidades de los ciudadanos.

4. La Resistencia y la búsqueda de soluciones

Utopía ha sido parte de la resistencia ciudadana. Desde los primeros números, desenmascaramos este fascismo económico, atacando el fondo de la cuestión, el sistema perverso en sí mismo.

Luchamos, desde los orígenes de la revista, por la eliminación de la deuda externa, en repetidas campañas internacionales, llevadas a cabo por múltiples colectivos y ONGS, como la del año 2000, año de la amnistía.

Hemos apoyado sin fisuras los procesos emancipatorios de América Latina, que es la única región en el mundo en la que un grupo de naciones soberanas y democráticas se oponen coordinadamente a los Tratados de Libre Comercio programados por los Estados Unidos (ha conseguido únicamente la adhesión de cuatro naciones, Colombia, Perú, Chile y México al tratado diseñado para toda América Latina).

Hemos apoyado -denunciando a los Gobiernos de España y a las multinacionales españolas- los tratados internacionales de estas naciones: el ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los Pueblos de América Latina – Tratado de Comercio de los pueblos), CELAC, UNASUR, PETROCARIBE…, que son la punta de lanza contra el neoliberalismo y los tratados de libre comercio.

En la década de los 70 y los 80, los EE.UU. propiciaron brutales golpes de estado militares en las naciones díscolas. Ahora se emplean métodos más sofisticados: golpes de estado parlamentarios, maniobras para la baja de los precios del petróleo, desabastecimiento, sabotaje en el precio del dólar paralelo, manifestaciones masivas, violencia selectiva, eliminación de líderes rebeldes, intervención en las elecciones, campañas de prensa internacional, eliminación de periodistas desobedientes… Nosotros hemos estado con  los oprimidos en todos estos procesos y, finalmente, cuando se ha despertado la oposición en Europa, primero en Grecia, luego en España, finalmente en toda Europa, contra el Tratado de Libre Comercio, hemos estado ahí y ahí seguimos y seguiremos.