Baldón para los hombres

Que muera una sola mujer a manos de su compañero sentimental es suficiente para avergonzar y abochornar a los hombres. Pero, por desgracia, no se trata de hechos esporádicos, sino de una auténtica lacra social que amenaza con crecer más y más. En 2016 murieron asesinadas cuarenta y cuatro mujeres y ya llevamos diecinueve en menos de dos meses del año actual.

Sus asesinos han perdido todo rasgo de humanidad y racionalidad y superado en crueldad a los animales más salvajes. Estos crímenes son la conclusión de la conducta vejatoria del hombre maltratador que, al parecer, no tiene a bien considerar a su compañera como un ser humano igual que él, sino como un objeto de su propiedad que puede utilizar a su antojo y siempre a su servicio.

Se dan casos en que el criminal se quita la vida, después de asesinar a su pareja o ex pareja. Me pregunto si se suicida porque se avergüenza de su acción o si ya lo tenía planificado. Si es así ¿por qué no lo hace directamente? ¿No será que no está dispuesto a perder su propiedad, ni siquiera después de muerto, ni a permitir que otro ocupe su lugar? Y si hablamos del modo como estos desalmados perpetran su crimen nos encontramos, a veces, con salvajadas que no tienen nombre: no contentos con matar a la mujer con la que comparten o han compartido su vida, se ensañan con ella de las formas más crueles (degollamiento, cuchilladas…) con el fin de inferirle el mayor sufrimiento posible.

Todo ello es la consecuencia de la cultura machista en que vivimos y hemos sido educados, cultura que se hace presente en conductas en las que el hombre muestra también su mal entendida superioridad. En efecto: suelen ser hombres los responsables más directos en el origen y desarrollo de las guerras, los que aparecen en los abusos de menores y, aunque de manera menos generalizada, los más implicados en el mundo de la corrupción.

Para atajar el maltrato machista se han dictado leyes, firmado protocolos y activado medidas que, por desgracia, han servido de muy poco. Se habla de un pacto de Estado contra la violencia de género. Bienvenido sea. Pero sabemos por experiencia que la tragedia continuará. La solución tiene que venir por un cambio de mentalidad en las personas y en la sociedad a través de una formación en igualdad, iniciada en la más temprana edad. Esta formación debe tener como meta principal apreciar y vivir como propios aquellos valores que, de modo más particular, caracterizan a la mujer: el cariño, la ternura, la delicadeza, la entrega de la propia vida, el servicio desinteresado y la acogida sincera y cordial a los demás. El problema habrá desaparecido cuando las estructuras sociales favorezcan y protejan eficazmente la igualdad entre hombre y mujer, a todos los niveles y en todas las esferas, y cuando esta igualdad se viva como algo normal en la familia, en el colegio y en las relaciones interpersonales.

Hasta entonces, las mujeres que sufren maltrato deben denunciarlo con valentía, y los demás, cuando tengamos conocimiento de algún caso, hacerlo constar ante la autoridad.