Contradicciones de los políticos

Todas las personas tenemos contradicciones, pero las de los políticos, cuando gobiernan, son de bulto. Lo que dicen con las palabras lo contradicen muchas veces los hechos.
Hablan con frecuencia de diálogo, pero sólo aceptan al que coincide con su modo de pensar y, alegando errores pasados de su grupo, niegan legitimidad al que critica determinadas actuaciones o propone algo distinto. Se invita a la participación ciudadana, pero siempre que sea conforme con la voluntad y criterios del que manda. Se habla mucho del interés por las personas, especialmente las más débiles, pero lo que prima realmente son los intereses particulares o del partido. Al final de la legislatura se intenta corregir la tendencia con el fin de asegurarse votos. Se ensalza la libertad, pero se cortan libertades con leyes restrictivas y en contra de la opinión mayoritaria del pueblo, algunas de ellas con anuncio de caducidad por parte de toda la oposición.
Defienden la solidaridad, pero aplican grandes recortes a las partidas destinadas al desarrollo en el tercer mundo, a los servicios sociales y al estado de bienestar. En cambio, se inyectan miles de millones en los bancos, propiciando el enriquecimiento desmesurado de unos cuantos. Se habla de igualdad, pero se toman decisiones que aumentan la desigualdad, la cual deviene con bastante frecuencia en pobreza. Sigue existiendo la diferencia entre hombres y mujeres y determinadas leyes y disposiciones favorecen claramente la discriminación de género y la desigualdad de oportunidades.
Hablan de la no violencia, pero los inmigrantes son tratados violentamente en Ceuta y Melilla y a los que viven entre nosotros sin papeles se les niega de modo oficial la atención sanitaria.
Aunque se nos está advirtiendo constantemente de los perjuicios del cambio climático y de la degradación de la naturaleza y medio ambiente, las disposiciones públicas propician que nuestros ríos sufran las consecuencias de esa degradación y que sus aguas contaminadas sean moneda de cambio por unos votos, aunque ello perjudique a los vecinos de las tierras ribereñas.
Se prometen soluciones al grave problema del paro, pero las leyes que se establecen para ello en nada favorecen a los obreros. Por otra parte, el dinero de los bancos no revierte en créditos, sino en especulación de los que más tienen.
Se manifiesta, con palabras bonitas, gran interés por la juventud, pero las soluciones que encuentran muchos son sólo la emigración al extranjero, el recorte en becas y el aumento de tasas en la universidad.
Estas contradicciones entre lo que se promete y lo que se hace contribuyen a la gran desafección y desconfianza del pueblo en los políticos. Si conocieran en directo a las personas que frecuentan las instituciones benéficas o si sus familias viviesen con los mínimos o nulos ingresos de muchísimas personas, probablemente legislarían y actuarían de otra manera.

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