Desigualdad, acoso y muerte

Tres palabras muy repetidas en los tiempos que corren. Viene muy a colación recordarlas en las vísperas de la inminente celebración del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo). Con ellas quiero reivindicar los derechos de todas las mujeres del mundo y denunciar los numerosos casos de violación a los que desgraciadamente siguen siendo sometidas.

Se nos debería caer la cara de vergüenza -especialmente a los hombres- ante las salvajadas y monstruosidades que continuamente se cometen con nuestras mujeres. A pesar de las leyes promulgadas y de los distintos pactos, firmados por todas las fuerzas políticas, la desigualdad entre el hombre y la mujer sigue existiendo en los distintos ámbitos de la vida social, en el mundo laboral, en el hogar, en la actividad política… Las mujeres perciben salarios más bajos que los hombres; suelen ser los hombres quienes ocupan los puestos directivos en las empresas; en el hogar es la mujer la que lleva todo el peso del trabajo doméstico y la que se ocupa casi siempre del cuidado y educación de los hijos; en la actividad política existe una desproporción significativa en favor del hombre por lo que respecta a puestos de responsabilidad.

Esta desigualdad, que da pie a algunos hombres a sentirse poseedores de la mujer y a utilizarla como un medio para satisfacer sus pasiones, es la antesala del acoso, un comportamiento ciertamente frecuente en ambientes laborales, académicos, estudiantiles y familiares. Y por si fuera poco, existe un escalón absolutamente abyecto: el cruel asesinato. En los dos primeros meses del año han sido asesinadas seis  mujeres, crímenes que, unidos a los perpetrados en los últimos años, alcanzan una cifra realmente escandalosa. Algunos -no merecen ser llamados hombres- han tenido el atrevimiento de matar a sus propios hijos para castigar a sus parejas o ex parejas con lo que más puede dolerles.

Se cuenta que en otros países son aún más numerosos los maltratos y asesinatos de mujeres, pero ello, aunque así sea, no es ningún consuelo. Nuestro deber es seguir protestando y luchando hasta lograr que desaparezca de la sociedad está vergonzosa lacra. No puede haber más mujeres maltratadas, acosadas y, mucho menos, asesinadas por machistas violentos y desenfrenados. Desde la posición en que nos encontremos unámonos a la manifestación de protesta el próximo jueves. Gritemos con todas nuestras fuerzas un “no hay derecho”. A vosotras, mujeres, me dirijo y os felicito en vuestro día. En medio de tantas injusticias, desvergüenzas y salvajismo os doy todo mi aliento para seguir adelante en vuestra lucha. No cejemos hasta que hagamos que vuestras justas, y también nuestras, reivindicaciones se hagan realidad y podamos vivir, al fin, en un mundo en el que ya no existan personas superiores ni inferiores, sino sólo seres humanos iguales en dignidad y derechos.