Después de las elecciones

Ya han pasado las elecciones generales. Ha sido una campaña en la que, en lugar de los proyectos y las ideas, han brillado los enfrentamientos personales, las actitudes agresivas, las descalificaciones y hasta la violencia verbal. Al fin el pueblo se ha decantado por una opción política determinada que, mediante pactos, coaliciones o acuerdos con las opciones que no han ganado, tendrá la responsabilidad de gestionar el país durante los cuatro próximos años. Habrá que hacer todo lo posible por conjugar las distintas posiciones ideológicas que han salido de las urnas para decidir, mediante el diálogo y el sentido común, lo más provechoso para todos. La oposición deberá colaborar en la gestión de la cosa pública mediante el control parlamentario de las actuaciones que el nuevo ejecutivo pretenda llevar a cabo, una labor necesaria para que no se cometan errores, se evite la corrupción y se respeten los derechos de todos los ciudadanos.
Ni el gobierno ni la oposición han sido elegidos para satisfacer los intereses de sus respectivos grupos ni, mucho menos, para engordar sus bolsillos, sino para cumplir con su servicio al pueblo. Ello significa que unos y otros deben poner todo su empeño en la solución de los problemas que afectan y preocupan a los españoles: el problema del paro, cuyo índice continúa por encima de la media europea; las enormes desigualdades económicas, derivadas de una política fiscal que se ceba con las clases medias, en lugar de gravar a los que más tienen; la violencia de género, que no cesa de golpearnos con fuerza; el ansiado pacto por la educación, tan necesario para estabilizar de una vez por todas los planes de estudio; el perfeccionamiento y las necesarias correcciones de nuestro sistema sanitario; la ejecución efectiva de la Ley de Dependencia; el arreglo del problema autonómico especialmente en Cataluña; la elevación económica y social de las zonas menos desarrolladas del país, llevando a efecto el principio de la solidaridad entre unas regiones y otras…
A la solución de estos problemas deben contribuir los medios de comunicación, principalmente la televisión y la radio, por su enorme poder e influencia para crear opinión en la gente: de los mismos se espera que, a la hora de realizar su tarea de informar, no se dejen llevar por motivos ideológicos ni por intereses partidistas. Por nuestra parte, los ciudadanos y ciudadanas de a pie no podemos declinar nuestra responsabilidad, desentendiéndonos y limitándonos a censurar lo que no nos parece bien: al contrario, tenemos el deber de comprometernos con nuestra crítica constructiva y con nuestras reivindicaciones con el fin de que se realice lo que es justo y conveniente para el bien general. No olvidemos que la buena marcha de la sociedad es tarea de todos, nos concierne a todos y depende de todos.