La dignidad de un pueblo

El aguante de la gente tiene un límite, sobre todo cuando se dan circunstancias que, de modo negativo y con prolongación en el tiempo, afectan a su vivir cotidiano. El conformismo y la indiferencia que suelen mostrar las personas y las familias son las armas con la que juegan los gobernantes para no llevar a la práctica lo que en su día prometieron. Pero cuando, de manera desinteresada, se hace ver al pueblo las razones de sus protestas y reclamaciones, éste se lanza a pedir aquello a lo que tiene derecho. Es evidente que Talavera y su comarca han sido durante muchos años injustamente postergadas por las administraciones públicas. Pensemos en la situación de desidia y abandono en que se encuentra nuestro ferrocarril, en el estado calamitoso de nuestros ríos, en la escasa importancia e influencia de nuestra Universidad, en lo obsoleto de nuestro hospital en cuanto a medios técnicos y a número de profesionales, en nuestra escandalosa cifra de parados, en la incertidumbre sobre la instalación del nodo logístico -esencial para combatir el problema anterior-, en la desolación e improductividad de nuestra huerta, en la permanente reivindicación de un conservatorio de música, en…

El pueblo, consciente de estas injustas e inaceptables carencias, protesta enérgicamente y reclama con todo derecho actuaciones concretas que den la vuelta a la realidad. Quiere soluciones concretas, consignadas y cuantificadas en los presupuestos oficiales, pues está harto de infinidad de proyectos que no se traducen en actuaciones eficaces y siente en su propia carne la frustración de muchas promesas incumplidas. Esto es lo que se ha querido expresar en la gran manifestación del pasado sábado, en la que, con un comportamiento cívico ejemplar, sin reproches a nadie y con la única bandera de la ciudad de Talavera, participaron entre treinta y cuarenta mil personas. Que las autoridades responsables de las diversas administraciones -local, provincial, regional y nacional- escuchen la voz de este pueblo, al que dicen representar y defender. No pedimos privilegios. Exigimos solamente que se nos dé el mismo tratamiento que a otras ciudades, pueblos y comarcas de la región con igual o parecido número de habitantes. No es mucho pedir en este momento, dada la lamentable situación en que nos encontramos, la puesta en marcha de medidas de choque que empiecen a sacarnos del pozo en el que estamos hundidos.

No queremos ser la primera ciudad de Castilla-La Mancha y la cuarta de España con el mayor número de parados ni estar por debajo de la media nacional en renta per cápita. Deploramos igualmente ser la ciudad de la región que, por ausencia de inversiones públicas y privadas, alberga el mayor número de pobres, a los que, aún en estas difíciles circunstancias, debemos, en justicia, ayudarles a salir de su situación.

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