Mitos y medias verdades

Se dice que los bienes de la tierra son limitados y escasos. Ello justificaría que el 40% de la población mundial carezca de los servicios sanitarios básicos; que más de 30.000 personas mueran de hambre diariamente; que la población de muchos países ricos sufran austeridad y recortes en gastos destinados a servicios esenciales. Sin embargo, en el mundo se generan alimentos para 12.000 millones de personas en un planeta habitado por 7.000 millones y se calcula que con lo invertido en armamento durante 10 o 15 días se podrían resolver las necesidades básicas anuales de la población mundial.

Para mucha gente el único sistema de aprovechar de forma racional los recursos de la tierra es el  sistema capitalista neoliberal y así lo dan a entender reconocidos economistas. Sin embargo, esta opinión se fundamenta en ciertas falsedades o medias verdades.

Se está convencido de que es necesario y fundamental favorecer ante todo a las empresas, pues, de este modo, se produce más y sea crea riqueza que revertirá después en toda la población. Pero esto sólo es verdad en teoría. La práctica nos confirma que los grandes beneficios de la producción van siempre a las manos de los poderosos y que éstos los guardan para sí, los esconden en paraísos fiscales o especulan con ellos en bolsa.

La idea de que el crecimiento económico con el sistema del libre mercado provoca automáticamente mayor igualdad e inclusión social es otra falsedad en la que muchos fundamentan la conveniencia de este sistema. Esta idea, que, según el papa Francisco, expresa una confianza en la bondad de los que detentan el poder económico y en los mecanismos de este sistema, ha sido siempre desmentida por hechos que confirman lo contrario: mientras crecen las ganancias de los ricos, el resto se va empobreciendo más y más.

La bajada de impuestos -sobre todo a las empresas- y la reducción del gasto público son otros dos dogmas del neoliberalismo económico. Con estas medidas quizá aumente la producción y la riqueza en favor de algunos, pues se reactiva la iniciativa privada y la inversión, pero, por contra, disminuyen las políticas sociales, se daña el estado del bienestar y se renuncia al objetivo del pleno empleo. Por cierto, con sólo 20 céntimos de cada 100 dólares de las transacciones financieras realizadas en el mundo podría financiarse todo el gasto público y suprimir todos los impuestos destinados a este fin.

Hasta aquí, algunas falsedades. La triste verdad del neoliberalismo económico, según el papa Francisco, es ésta: “… hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida, cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida.”