¡Qué vergüenza!

Con estas y parecidas palabras han manifestado su indignación miles y miles de mujeres contra la sentencia del tribunal de Pamplona a una “manada” -nunca mejor dicho- de jóvenes machistas por el ultraje sexual a una joven. En dicha sentencia se determina que hubo, sí, abuso sexual, pero no agresión ni violación, con lo que la condena ha quedado reducida a nueve años de cárcel para cada acusado, en lugar de los veintidós que pedía el fiscal. La sociedad no entiende que se haya llegado a esta conclusión judicial, cuando los hechos confirman que la chica sufrió, a mano de cinco varones fornidos, toda clase de vejaciones sexuales, sin prueba alguna de consentimiento por su parte. Para colmo, uno de los jueces emite un incomprensible voto particular en el que, no apreciando delito alguno, pide la absolución total de los acusados y su inmediata puesta en libertad.  ¿Qué se necesita para que un hecho de estas características sea considerado violación? ¿Que la mujer tenga que enfrentarse con los violentos poniendo en peligro su vida? ¿Que la amenacen con un cuchillo en el cuello?

Pero si la sentencia ha causado estupor y bochorno general, resulta aún más despreciable la acción de estos hombres, hechos y derechos, contra esta joven, una acción a todas luces impropia de seres humanos y racionales. Se les tenía que caer la cara de vergüenza, como me imagino que se les caerá la cara de vergüenza a sus familiares, a los que, por supuesto, hay que eximir de toda responsabilidad. Posiblemente, a tenor de las imágenes publicadas en los medios, hasta se sienten orgullosos de su hazaña. Al parecer, no fue la primera ni la única vez, pues al menos cuatro de ellos están pendientes de otro juicio por una acción semejante, cometida con otra chica.

¡Cuánto cuesta aprender y poner en práctica que todos somos iguales en dignidad y derechos, hombres y mujeres, blancos y negros, de una ideología o de otra! Si el hombre puede salir solo por la calle a cualquier hora, ¿por qué no puede hacerlo también la mujer? ¿O tendrá que estar siempre sometida y condicionada, temiendo que hombres salvajes e incontrolados, arrastrados por la pasión y jactanciosos de su fuerza física, puedan en cualquier momento arremeter contra ella? Esta sociedad parece estar gravemente enferma. Se podrá avanzar mucho en el terreno económico y se podrán desarrollar políticas razonables, y hasta justas, desde el punto de vista material, pero, si no crecemos también en el plano moral, si los valores éticos brillan por su ausencia, la sociedad que se construya será una sociedad inhabitable, ya que la realización de la sociabilidad, característica fundamental de los seres humanos y fundamento de la convivencia ciudadana, no será posible. Contra esto tenemos que seguir luchando.