{"id":570,"date":"2018-04-01T08:59:09","date_gmt":"2018-04-01T08:59:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ascaureliodeleon.es\/?p=570"},"modified":"2025-07-23T10:15:39","modified_gmt":"2025-07-23T10:15:39","slug":"la-mujer-en-las-religiones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ascaureliodeleon.es\/index.php\/2018\/04\/01\/la-mujer-en-las-religiones\/","title":{"rendered":"La mujer en las religiones"},"content":{"rendered":"<p>A lo largo de la historia la sociedad ha ido configurando distintos roles para el hombre y para la mujer. Al hombre, en la antig\u00fcedad, se le confi\u00f3 la gesti\u00f3n de la cosa p\u00fablica y el ejercicio de la guerra, mientras que lo propio de la mujer ha sido siempre la responsabilidad del hogar y el cuidado de los hijos. Las leyes, usos y costumbres han ido conformando una situaci\u00f3n de desigualdad en la que destacaba la superioridad y el peso social del hombre en detrimento del papel de la mujer. Esta desigualdad ha sido favorecida por el machismo imperante en la pr\u00e1ctica totalidad de las religiones. En el juda\u00edsmo, concretamente, el machismo campaba a sus anchas en los distintos \u00e1mbitos de la vida, llegando a extremos de considerar indigno de un maestro de la ley hablar p\u00fablicamente con una mujer o de que el marido pudiese echar de casa a su mujer si esta sal\u00eda a la calle con la cara descubierta.<\/p>\n<p>Estos convencionalismos machistas contrastan con el comportamiento de Jes\u00fas, que en todas sus actuaciones defend\u00eda la dignidad de la mujer y su igualdad con el hombre. As\u00ed se concluye del trato cercano, afable, amistoso y respetuoso que tuvo siempre con ellas. Sabemos por los evangelios que \u00a0se dejaba acompa\u00f1ar y atender por mujeres; con algunas manten\u00eda una profunda amistad (Marta y Mar\u00eda); hablaba de t\u00fa a t\u00fa con ellas, sin miedo a los convencionalismos sociales (di\u00e1logo con la samaritana); era comprensivo con las mujeres adu\u0301lteras y con las socialmente consideradas pecadoras p\u00fablicas; fue una mujer, Mar\u00eda Magdalena, la primera testigo directa de su resurrecci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>Si bien es verdad que San Pablo, tributario de los c\u00e1nones culturales de su tiempo, dict\u00f3 normas machistas para las reuniones lit\u00fargicas, estaba, por otra parte, profundamente convencido de la igualdad de todos los seres humanos, por encima de nacionalidad, status social o g\u00e9nero. \u201cYa no hay jud\u00edo ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas\u201d, escribe en su carta a los G\u00e1latas. A pesar de este pensamiento paulino, la inferioridad de la mujer se fue consolidando y manteniendo en las leyes y costumbres de la Iglesia, a cuyos organismos y ministerios decisorios nunca ha tenido acceso. Sus funciones han sido siempre subsidiarias: limpiar el templo, adornar los altares, preparar las ropas lit\u00fargicas, dar catequesis a los ni\u00f1os (siempre bajo la supervisi\u00f3n del p\u00e1rroco).<\/p>\n<p>Viendo los avances hacia la igualdad entre el hombre y la mujer que se van dando en la sociedad, uno se queda asombrado de que en la Iglesia no se den pasos en esta direcci\u00f3n. Esperemos que se hagan pronto realidad en la Comunidad cristiana aquellas palabras de San Pablo, que tan perfectamente reflejan el comportamiento de Jes\u00fas con la mujer.<\/p>\n<p>(Publicado en La Tribuna)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A lo largo de la historia la sociedad ha ido configurando distintos roles para el hombre y para la mujer. 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